Barbarà está convencido de que la defensa de una Sanidad pública es
luchar por mantener la dignidad y por ello, está seguro de que la ciudadanía
ganará esta batalla por sus derechos. La Coordinadora de Izquierda Unida (IU)
en Melilla invitó el pasado viernes a uno de los miembros del Consejo Político
Federal de su partido, Antonio Barbarà, para ofrecer una conferencia sobre la
situación que está viviendo la Sanidad en el país.
Médico de profesión, dice estar totalmente comprometido con la defensa de la
Sanidad y la Salud públicas no solamente desde Izquierda Unida sino también
desde la asociación Dempeus per la Salut Publica (En pie por la Salud Pública).
En esta entrevista, concedida a El Faro, analiza el efecto que están teniendo
los recortes y las medidas implantadas por el Gobierno central en materia
sanitaria y que sitúa a la sociedad española en una disyuntiva que nunca que
había visto antes: Elegir entre un sistema sanitario público o privado.
–En su charla el pasado viernes destacó que la Sanidad puede ser pública o
privada, pero que la Salud siempre es pública...
–Preferimos hablar de Salud porque es un término más amplio que el de la
Sanidad. La sanidad es el mecanismo corrector cuando se pierde la salud. Un
primer determinante en salud es el trabajo, precisamente hoy (por ayer) es el
Día de la Salud Laboral. Si lo hay o no lo hay. Si hay trabajo, en qué
condiciones, precario o no. Estamos en un país en el que el notición del
momento es que tenemos un 57% de jóvenes sin trabajo y seis millones de
parados. Realmente, ¿cómo pretendemos ser una sociedad saludable?
Estamos ante una disyuntiva. Por un lado, si se entiende la salud como un
derecho universal, que está reconocido como tal, ésta se mide en función de la
inversión pública y la calidad de la atención del servicio. Por otro lado, si
se entiende como una mercancía, un sector de negocio, la salud se mide en
beneficios, en réditos empresariales.
Como dice la Biblia, que es un texto al que recurro a veces, no se puede servir
a dos señores. Hay que priorizar. De ahí, que critiquemos el uso de eufemismos
que crean una subcultura perversa y sofista que dice mentiras vestidas de algo
muy creíble que cuela bien. Por ejemplo, decir que combinar lo público y
privado está bien porque todo público no es sostenible. Negamos la mayor,
cuando se mete la mano sistemáticamente en los fondos públicos, es decir, los
Presupuestos Generales del Estado. Le dan vueltas y subidas y bajadas en lo que
pagamos todos. En definitiva, una serie de opacidades que llaman ingeniería
financiera que sistemáticamente acaba en manos privadas.
Nosotros decimos que todos los recursos públicos para los servicios públicos.
No negamos que haya una red privada, pero no estamos de acuerdo en que ese
sistema privado parasite, se nutra de los beneficios de lo público.
–¿Esas opacidades nos han llevado a este punto de elección, al parecer, sin
retorno, entre lo público y lo privado, cuando nuestro sistema sanitario era un
modelo a imitar internacionalmente?
–Efectivamente. Teníamos una Sanidad profundamente reconocida como eficiente.
No es perfecta porque ninguna obra humana es perfecta. No es verdad que fuera
insostenible ni que se invirtiera o costara mucho. Estamos a la cola de los 27
países de la Unión Europea en inversión sanitaria y mucho más lejos incluso de
los 15. Estábamos invirtiendo menos del 6% del Producto Interior Bruto (PIB),
cuando en Europa la inversión se supera ampliamente el 7%.
No es cierto que gastemos mucho. Gastamos poco, lo gastamos mal y encima con
perspectivas de gastar menos porque los recortes son brutales y afectan a la
calidad, lógicamente. Pero, además, con esta usurpación, con esta
privatización, se llevan los recursos a la parte lucrativa de la atención
sanitaria.
¿Qué sucede con esto? La parte realmente dolosa en lo económico, es decir, el
coste de los tratamientos de las enfermedades graves y complejas, como el SIDA
o el cáncer, están en la letra pequeña de las mutualidades. Estas no entran en
el beneficio. Estas se las queda la sanidad pública porque tiene costos
elevados, pero necesarios, y que permite a algunas personas afirmar falazmente
y con mucha perversidad, que la sanidad pública es muy cara. Claro, la sanidad
privada no da quimioterapia, ofrece partos con confort, que es una cosa de la
que todo el mundo queda muy contento y se hace fotografías.
Hace no mucho tiempo unos periodistas de la televisión de Corea del Sur
vinieron a rodar unas imágenes porque en la Universidad de Seúl se explicaba el
ejemplo de España como un modelo sanitario a seguir, incluso Obama lo ha
reconocido. Querían ver cómo en dos años hemos sido tan brutos de cargarnos un
sistema que era realmente eficiente. Ahora van a explicar lo que no hay que
hacer con la Sanidad, poniendo de ejemplo a España.
Si seguimos haciendo este austericidio manifiesto, vamos camino del precipicio.
Si seguimos recortando derechos públicos, si seguimos empobreciéndonos y
cargándonos el Estado del Bienestar, no podemos pretender que esto revierta y
empiece a dar flores de otro lado porque no va a dar flores. Si alguien quiere
un manual que coja el ejemplo de Grecia, de Portugal o de Irlanda porque
nosotros ya estamos ahí.
–Afirmó que el camino sanitario que se está marcando nos lleva al “modelo
americano”, mientras que Estados Unidos está cambiando su sistema sanitario y
manifestaba su preocupación al respecto.
–Para nosotros es preocupante y alarmante. Estamos en una emergencia social,
dada la situación de pérdida de calidad y de universalidad en las atenciones.
La ley de Ana Mato de hace un año excluye a la población y los servicios de la
Sanidad y está generando dos atenciones sanitarias: La de los ricos y la de los
pobres. Por ejemplo, los inmigrantes no acceden a la sanidad española si no la
pagan. Eso es absolutamente lamentable porque la salud es para todos.
Nosotros decimos que los microbios no reconocen papeles, reconocen hígados,
bazos y pulmones. En definitiva, no separan a las personas entre las que tienen
documentación o no. Eso es tan evidente que negarlo, es no haber metido nunca
la nariz en un libro de salud pública.
Pero no solamente hablamos de los inmigrantes. Los jóvenes de más de 26 años
que no estén cotizando, porque ahora la sanidad no es un derecho de la
ciudadanía, es un derecho de aseguranza, no reciben atención sanitaria.
Es un error que es el paradigma del sistema de Estados Unidos. Todo el mundo a
pagar, el gran negocio sanitario y de cuando en cuando atendemos a alguna
persona no asegurada, por beneficiencia, pero, en definitiva, si está enfermo
es su problema.
Esto es un retraso civilizatorio intolerable. Esto es lo que nos llama a decir:
En pie la ciudadanía y en pie los profesionales porque se están llevando una de
las joyas de las luchas y las conquistas sociales de este país.
–¿Y cómo se puede arreglar esta situación? ¿Se protesta mucho en la calle, pero
parece que no se consigue nada?
–Luchando. Está claro que no tenemos la varita mágica, pero tenemos claro lo
que no podemos hacer. Hay tres patologías. Una de ellas es el miedo y con miedo
no se va a ningún sitio. Otra es la resignación y resignándonos, se lo quedan
todo. Y la tercera es la autoinculpación.
Nosotros negamos la mayor. No somos culpables ni de la crisis ni de la
situación actual. Que no nos digan que vamos mucho al médico o que tomamos
muchos medicamentos. Soy médico y sé que la gente sensata se toma los
medicamentos que se le prescriben. Por tanto, hay que valorar otros factores.
El culpable no es quien se toma la pastilla y menos el que la paga.
En definitiva, con miedo y resignación no se resuelve nada. Se resuelve
luchando. Luchar es bueno para la salud porque te mantiene vivo y candente. No
es un problema de ilusiones, es un problema de determinación, de justicia, de
dignidad y de pasión por lo público, por un sistema basado en la equidad.
Claro que conseguimos cosas a través de la lucha. En Cataluña conseguimos
reabrir centros nocturnos que se cerraban. Hemos conseguido parar un copago,
mejor dicho repago, como el euro por receta. Es un mecanismo recaudatorio que
impuso la ministra Mato, además del céntimo sanitario de la gasolina, más
repago.
Es brutal porque están penalizando a los pacientes mayores, a los enfermos
crónicos, a aquellos que repagar la sanidad les puede suponer no comer.
Hay alternativas a todos los niveles. Hemos llegado al punto de que esto no se
puede resolver en el ámbito regional, autonómico o estatal porque afecta a toda
la Unión Europea. Hay que ejercer los derechos que nos están quitando desde el
empoderamiento social. Conseguir la confluencia, ser capaces de caminar hacia
un objetivo común contra un enemigo común sin perder identidades. Esto no lo da
el neoliberalismo. Ése es el enemigo común, los que hacen negocio de la sanidad
y la salud públicas.