¿QUÉ HACER?... En Tortosa,
DEMPEUS con gentes "dempeus", hablando de insumnisión
PARTE SEGUNDA.
Así están las cosas... dice la VOX POPULI .
¿Sabiduría popular? o ¿populismo fatalista? CLAUDICACIÓN, MIEDO, RESIGNACIÓN.
Sobre unas bases de
hegemonía cultural dehiscente se apoya la masificación social que permite una impregnación
patológica en forma de subcultura populista y del llamado “estado de opinión”. Circuitos de neurotransmisión neuronal de baja
intensidad y de conexión elemental para acuñar respuestas prefabricadas a un
test plano de supervivencia, que tampoco se plantea.
Los grandes aparatos de comunicación, con/de/formación
y des/información juegan aquí un papel central (ver Post de Àngels M. Castells sobre Gobiernos psicópatas).
Àngels Martínez Castells, una voz indómita, imprescindible, desde la mina de la revolución
¿No se puede? ¡SÍ SE PUEDE!
Los mejores depredadores
mediáticos a sueldo de sus amos son expertos en suministrar fórmulas de elaboración
política y socialmente correcta,. Y culturalmente subvertida por elementos de
alienación flagrantes.
Con sus moralejas, corolarios,
frases dichas, aforismos, ocurrencias, proverbios y toda una ristra de contestaciones simplistas
para sortear cuestiones imposibles.
Un archivo manual de
escapatorias supuestamente morales avaladas por la vox populi, el pseudo “sentido común”, la versión dicharachera
que interesa al poder.
Toneladas de detritus auto-
conmiserativos, un diluvio de basura mental…
Cada día, en todas partes
y a todas horas: ¿Que puedo hacer yo?, ¡pobre de mi! !, … Tendría que ser todo el mundo ¡Mientras seáis cuatro gatos no vais
a lograr nada!, ¡Yo, si fuera una respuesta general, me apuntaría, pero para ir delante no!, ¡Vosotros
“los políticos” tenéis que hacer algo!
O los paralizantes: “Tu,
hijo mío, a lo tuyo, No te metas
en jaleos, te van a engañar y utilizar”, “Quien
quiera algo que se mueva él mismo”, y " ¡Uníos todos y salvad el país!”.
Los hijos aprenden de sus padres, de su familia, de su escuela, sus amigos ...aprenden y aprenden
Un contradictorio: “Todos van aprovecharse y a robar, y como yo
no voy a sacar nada, ni entro ni me interesa….”
O más elaborado y pseudo-sensato:
“Se impone un gran pacto o contrato social.
…por encima de la política y los partidos…un
gobierno de salvación nacional, un
gabinete técnico de emergencia que no dependa de ninguna ideología…”, “Sobran
políticos”, dicho para decir algo distinto: “Sobra la política”.
“Todos corruptos, todos iguales,… ¡que mande la
economía y la empresa!, “Cuanta razón tienen los tertulianos y los gurús de las
teles… ¿como no siguen sus consejos?. Yo votaría a la Belén Esteban”
“Estoy desengañado.
Un día luché y no sirvió para nada. Y mientras yo hacía huelga, mis colegas
trabajaban, y cobraban, y hacían méritos…”, “ Hay quien le sale bien todo esto,
acierta donde y cuando hay que apuntarse, y a mi, en cambio, me engañaron… ya
no les creeré nunca más”. “
Inefables y penetrantes
adormideras: “Ahora toca pagar años de
alegría por encima de nuestras posibilidades (¿?!!)), ahora toca purgar los excesos, ...”estamos dispuestos a co/re/pagar
algo más para colaborar a la redención de la crisis“. Cuando acabas de decir tal concesión- disparate
¡Ya te tienen!, ¡caíste en la trampa de aceptar, TU, tu, tan insignificante como
listillo, las culpas (delitos penales y estafas millonarias) ajenas!
No puede faltar, en esa
letanía, un aderezo racista. “Toda la culpa la tienen los extranjeros, moros y chinos en especial”. “Se llevan nuestros servicios, se benefician
de nuestro estado de bienestar, no pagan impuestos, destruyen nuestro orden
social…”.
El argumentario xenófobo es tan pintoresco como
cretino: “Son unos salvajes”… espeta el nazareno encapuchado con su capirote
de santo cofrade… “Desangran los animales
que se van a comer, tienen prohibido el alcohol, se pasan el día lavándose y rezando por los suelos…”
esputa el taurino, borracho, sudoroso y
pestilente, genuflexo, católico, apostólico y ya le gustaría a él, romano. “¡Que
asco de chinos (en acepción laxa y cromática para abarcar a cualquier
asiático) que se comen las serpientes y
los perros!”…donde esté un buen plato de caracoles, o de criadillas, o “all i
pebre”.
Es la distancia
insalvable entre la fimosis laica, y la circuncisión judía o islámica. La
brutalidad del ramadán versus el ayuno cristiano (claro que este
civilizadamente omisible pagando una bula). Comer con palillos, comer con cubiertos, comer
con las manos, pero al fin comer, o no comer. Ninguna voluntad de comprender, o solo la manera propia de entender y de
aceptar.
Los padres y abuelos
tuvieron que emigrar a Alemania a trabajar huyendo de las miserias franquistas.
Una generación luchó y sin duda, a base de enormes esfuerzos y
generosidad, hizo avanzar esta sociedad
hasta un estado de protección social medianamente homologable, cuasi europeo y consecuentemente
digno. Hoy los nietos, con su titulación académica bajo el brazo, con el
apremio de la supervivencia y con algunos sueños inconfesos emigran a la
Alemania de la Merkel en pos de un contrato de trabajo. Es la diáspora
ilustrada de nuestro cerebro colectivo y el derroche insensato de nuestro
futuro.
Mientras tanto, aquí se
sigue, cubata en mano, panza en
ristre y eructo de propina con aquello de:
“Lo nuestro (mío) es normal, es bueno, es tradición. Lo suyo es barbarie,
incultura, atraso”. Y en esta línea, cada día más atrevida y putrefacta,
las peores visceralidades xenófobas, populistas y fascistizantes.
Auto inculpación, conmiseración, picaresca, y penitencia
y “mano dura”
.
En un país donde las profundas raíces judeocristianas siguenestando
ahí, los sentimientos colectivos de autoinculpación, pecado- penitencia,
reparación y auto flagelo, confesión vergonzante y redención mística, gozan de prestigio
social.
En esa patología global
son muchos reconocen y añoran las ventajas y superioridades de la “mano dura”
(ni que sean décadas de una dictadura criminal). País de caudillos, tiranos y
toda la ralea de autoritarios, hoy estos tiempos complicados predisponen a evocar
nuevo salvadores de la patria. Y haberlos, hay los.
Demasiadas veces, detrás
de ciertas críticas en clave de lamento, queja, fatalismo, enfado, se
encuentran agazapados los huevos de la
serpiente fascista. El salto es elemental y sin red: queja, exabrupto,
desespero, identificación de los males con la democracia, el foráneo y la
tolerancia, cierre de filas en el veneno del “nosotros primero”, exposición del caos y la acracia para clamar
y reclamar “gobiernos fuertes y manos duras”. Dureza por supuesto con los más
débiles.
Excepcionalmente algunos medios de comunicación, incluso locales, se atreven y denuncian a costa de grandes sacrificios y penalizaciones. Son ejemplares y modélicos: caso de la Revista Cafèambllet
A todo ello se une la ausencia de una base cultural democrática
en el sentido no saber pasar de la maledicencia oral a la queja encauzada, a la
protesta escrita, la denuncia formal.
Además existe un
trasfondo atávico de admiración por la trampa, de elogio de la picaresca, de un
individualismo amoral con toques de sana iconoclastia que proviene de nuestras más
celebradas obras literarias. Así, tal es
el grado desconfianza en leyes y en tribunales que siguiendo viejas dejaciones
no ejercemos derechos de petición, palabra, disenso, queja o denuncia. “Total, para lo que va a servir….”
Difícil pero necesario ejercer nuestros derechos
venciendo esa pereza petrificada o ese pudor absurdo que nos somete a una
aceptación, casi bíblica, muy cristiana, de la injusticia y del abuso de poder
como algo inevitable y substancial con nuestra genética. Inevitable recurrir a
los principios y empezar recuperando la idea de que un derecho no se solicita,
pide ni implora. Un derecho se ejerce.
Acatar lo injusto, inhibirse, adaptarse, callar
ante la injusticia son conductas injustas. Hay que ejercer, y llamar a ejercer, la
insumisión, la rebeldía y la lucha social y política.
Constatamos pues las
dificultades para arrancar estos procedimientos masivos de denuncia e
insumisión, más allá de las movilizaciones tradicionales y que siguen siendo fundamentales.
Sucede
con la Iniciativa Penal Popular (IPP), o con la Insumisión frente al
Co/Re/pago farmacéutico, o al Euro/x/receta en Cataluña. Vemos comno compañeros
activos, conscientes y combativos en otras lides se resisten a coger lápiz y
papel y protestar por escrito. Definitivamente no tenemos cultura de denuncia formal,
a fuerza de fiascos y escarmientos.
El día de marzo de 2012, ante 800 personas, se presentaba en el auditorio de la Universidad Pompèu Fabra de Barcelona la llamada civil para la Iniciativa Penal Popular contra los responesables de los recortes y las agresiones al Sistema Nacional de Salud en el gobierno de la Generalitat de Cataluña.
Seguro que esta
estrategia legal no es la panacea, pero sí un
instrumento de agitación, pedagogía, movilización, insurgencia y confluencia.
Además hay que denunciar.
Y exigir “que también ellos cumplan sus propias
leyes”. Unas leyes que muchas veces no nos gustan pero que en tanto no podamos
cambiarlas atañen, incumben, obligan teóricamente a todos y todas. También a los
capitostes corruptos, defraudadores, ladrones, mafiosos, y delincuentes de toda
élite liberal. En algunos casos hasta se llega a la inculpación y castigo. Como
poco les incordiamos, y les vamos pasado
a ellos la cara de miedo que nos quieren imponer a nosotros.
Acabo esta segunda
entrega con una prescripción: Perseverantes, concienzud@s, comprometid@s, vamos
a seguir cambiando esas inercias letales. Somos ya miles y miles los que vamos
rompiendo moldes y corsés.
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¡¡¡SALUD !!! Vamos por la TERCERA, con
final de fiesta y estrategia de lucha y avance…